En ciudades como Murcia o Málaga las patrullas quitachicles se gastan 12.000 euros al mes. En Vigo han dejado de hacerlo tras comprobar que limpiar un solo tramo de calle les lleva un día y no menos de 1.200 euros. Muchas localidades ya tienen costosas máquinas para eliminarlos (entre 30.000 y 50.000 euros), pero según acaban de limpiar por un lado, las pegajosas gomas vuelven a llenar las aceras por el otro lado.
Londres es sólo un ejemplo. Se necesitan 17 semanas para quitar los 300.000 chicles pegados en la céntrica calle Oxford Street, pero solamente 10 días para que la calle vuelva a estar como antes. Allí un chicle cuesta 3 peniques y despegarlo 10.
Más expeditivos, en Singapur el chicle está prohibido desde 1992. En esa ciudad-estado su uso sin receta médica acarrea multas para los infractores de algo más de 3.000 euros si es la primera vez, o de 6.000 euros para los reincidentes, con la posibilidad incluso de ser condenados a dos años de cárcel.
Por favor, no tiréis el chicle al suelo. Un gesto tan sencillo como liarlo en el papel del que lo desenvolvimos y guardarlo hasta llegar a una papelera, hará posible que en un futuro no nos priven de ésta deliciosa y característica golosina, además de mantener limpia nuestra ciudad, y no nuestro bolsillo...
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